La Evaluación Educativa como Modelo de Investigación

“Elemental, Mi Querido Watson”. Probablemente es la frase más famosa de aquel detective habitante del 221B Baker Street: Sherlock Holmes; muy a pesar, claro, de que esta frase nunca aparece en los libros escritos por Sir Arthur Conan Doyle –realmente fue ‘vil’ creación de Hollywood. Este singular personaje ahora tan real en el imaginario colectivo representa al mejor investigador del mundo, cuya calificación de astuto solo menospreciaría su natural talento, resolviendo casos a través del método científico: analizaba la situación, medía motivos y motivaciones, estudiaba la escena, planteaba sus hipótesis y las ponía a prueba una por una. La resultante, incluso siendo la menos factible, tenía que ser la verdadera.

Si, bien, esto es una realidad imaginaria (por paradójico que se escuche), es un modelo que seguimos ahora todos los investigadores del mundo, por enseñanzas del Sr. Holmes o de cualquier otro ser menos ficticio. Pensemos por un momento en la metodología requerida para realizar una investigación: elegimos nuestro problema, justificamos la realización, elegimos las variables, planteamos una hipótesis, hacemos un marco referencial y nos lanzamos a la aventura investigativa eligiendo de nuestro estuche de técnicas para recolectar información.

Toda evaluación es una investigación…

Ahora, hagamos el mismo ejercicio respecto a la evaluación: tenemos un problema (necesitamos indagar si nuestro objeto de estudio es apto), la justificación está ahí (si no lo hacemos, podríamos avanzar en el error), las variables no pueden faltar (generamos indicadores para la evaluación) y nos fundamentamos en un marco referencial (en lo que otros hicieron para evaluar antes que nosotros), para posteriormente investigar por nuestra cuenta en el campo. No solamente son muy parecidas ambas, sino que una funciona como parte de la otra; no todas las investigaciones son evaluaciones, pero si todas las evaluaciones son investigaciones.

La educación es un tema muy complejo y su evaluación genera grandes dolores de cabeza a muchos de los involucrados en el tema, incluyendo grandes instituciones como la Secretaría de Educación Pública en México. Dentro de esa investigación, podemos encontrar unas más de tipo sensorial o empírico y otras más cercanas al método científico, pero no por eso dejan de ser investigaciones, claro está.

Un Ejemplo…

En 2015, comienzo con un trabajo de maestría sobre la aplicación de un modelo mercadológico aplicado a los centros educativos. El trabajo aún se encuentra en desarrollo; sin embargo, desde el principio se vuelve claro para mí que, dentro de la categoría de evaluación, el aporte más sustancial se deriva de la división de áreas dentro de una escuela: de acuerdo a las enseñanzas de Philip Kotler, podemos dividir una escuela en 7 partes –Producto/Servicio, Plaza, Promoción, Precio, Proceso, Personal y Presencia Física. De esta manera, establecemos aquellos aspectos en los que nosotros habremos de investigar la calidad que realmente le ofrecemos a nuestros alumnos. Si nos hemos de enfocar en un solo aspecto como el currículo, entonces el indicador estaría dentro del ‘Producto’ o ‘Servicio’, mientras que los aspectos de los que se sirve el currículo para funcionar estarían en los otros seis apartados. Pareciera que se busca, en este ejercicio tal vez ocioso o tal vez científico, generar un nuevo modelo de evaluación para las escuelas, cuando realmente lo que se busca es aclarar cuáles son los indicadores de la calidad educativa. Una actividad que, recordemos, es parte del proceso de investigación.

En conclusión…

Hay todavía personas que no podrían pensar en la evaluación como un modelo de investigación. Yo solamente me remitiré a las pruebas de relación entre una cosa y otra aquí presentadas, enunciando mis resultados a través de mi propia lógica y análisis de la situación: la evaluación del currículo así como de todo el proceso educativo es y será un modelo de  investigación. Una aseveración de la que estoy seguro solo tendría una réplica, muy a pesar de su creador,  el Sr. Holmes: “Elemental, Mi Querido Watson”.

BIBLIOGRAFÍA

Conan Doyle, A. (1887). Estudio en Escarlata. Londres: Ward Lock.

Taibo, B. (2015). Desde Mi Muro. México, DF: Editorial Planeta.

Hernández Sampieri, R. (2010). Metodología de la Investigación. México, DF: McGraw Hill.

Cruz, E D L; (2004). Evaluacion del diseño curricular del Subprograma de Postgrado en Estrategias de Aprendizaje del Instituto Pedagógico de Miranda, UPEL. Sapiens. Revista Universitaria de Investigación, 5() 77-107. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=41050106

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